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domingo, 29 de abril de 2018

Documental: Conectados

En relación con la entrada anterior y siguiendo con el taller de ciudadanía digital, hoy quiero hablar sobre un documental que vimos en clase sobre la adicción a las nuevas tecnologías, en especial al teléfono móvil, titulado "Conectados" y presentado por Jordi Évole.

En este documental muestran lo enganchados/as que estamos al teléfono móvil y a las redes sociales a través de relatos y entrevistas a otras personas.Vivmos constantemente pendientes de lo que está pasando en la pequeña pantalla y cada vez más nos evadimos de lo que está pasando en nuestro entorno próximo. En algunos casos, las personas se llegan a obsesionar demasiado con el teléfono móvil y con su propia presencia en las redes sociales, tratando de dar una imagen a través de este recurso y demostrar que uno/a tiene muchas amistades, vive muy bien y está actualizado/a con las nuevas tecnologías. Esto, en muchas ocasiones, puede agravarse y llegar a la adicción, haciendo que la persona termine viviendo en un mundo a parte preocupándose solamente del teléfono móvil y sin poder despegarse de él.



En primer lugar, aparece la historia de una joven adolescente que muestra su adicción al móvil y más concretamente a las redes sociales. Se la retrata como a una persona narcisista que pasa la mayor del tiempo sacándose fotos posando, que luego sube a su cuenta personal de Instagram. En este tipo de redes sociales, el porcentaje mayor de las fotos que suben los jóvenes son de ellos/as mismos/as en situaciones agradables. Sólo mostramos lo que queremos que los demás vean, haciendo ver que tenemos una vida rozando lo idílico, cuando puede que no sea así. Creo que, en parte, las redes sociales las utilizamos para crearnos una identidad que refleja únicamente lo mejor de nosotros/as mismos/as (sea verdad o no) y, muchas veces sentimos la necesidad de ocultarnos tras ella para protegernos de la realidad. También, la dependencia surge hacia la opinión pública, basando nuestra autoestima en la cantidad de "me gustas" que recibimos por publicación. No creo que subamos tanto fotos por el hecho de "compartirlas" como tal, sino para intentar demostrar al resto que somos personas socialmente reconocidas y no nos sentimos solas.


En la entrada anterior, comenté que a menudo el teléfono es una herramienta que empleamos para sentrinos socialmente seguros, en situaciones que podríamos considerar incómodas como el establecer una conversación con personas en las que no tenemos tanta confianza. Ello puede deteriorar las relaciones interpersonales, cuya calidad podría bajar significativamente si siempre "nos escondemos tras el cascarón". También pienso que se ve cada vez menos gente disfrutando de la soledad en las calles. Pocas veces se ve a personas solas, especialmente jóvenes, sentadas en un banco sin hacer nada o en una cafetería sin un móvil entre las manos. Parece como si tuviéramos miedo a estar solas y necesitáramos pendientemete aparentar que estamos a gusto con nosotros/as mismos/as. Sin embargo, pienso que hay una gran diferencia entre estar solo/a y sentirse solo/a. Una persona puede disfrutar de su soledad pero no sentirse sola. En cambio, muchas personas que, a  aparentan tener un gran número de amistades en las redes, podrían estar sintiéndose solas si no trabaja las relaciones más allá de las redes. Aún pervive, además, un sentimiento de individualismo en la sociedad, con el cual una persona puede sentirse sola porque no se trabajan los vínculos con otras, sino que, por el contrario, supone "pisarlas" para ascender a lo más alto. El artista Edward Hopper (1924-1967) retrató la soledad que se vivía en la sociedad americana capitalista del siglo XX en algunos de sus cuadros:




Siguiendo con el ejemplo de la joven de Conectados, ella utilizaba el móvil a todas horas, hasta el punto de que su madre la castigaba prohibiéndole usarlo. No obstante, esto no la pararía y utilizaba el de sus amigas para conectarse a las redes.


A continuación, en el documental se veía como un grupo jóvenes acudían a una terapia en la que un experto les hacia preguntas acerca de su adicción a internet y acababan reconociendo sus problemas. El objetio de esta terapia era reducir el consumo y controlar la utilización del teléfono móvil y, por ello, se les reta a estar un tiempo sin utilizarlo.

En último lugar, opino que realmente existe un problema en torno al móvil pero quizás se podría haber planteado de otra forma la afirmación: en vez de "somos adictos al móvil" podrían haber encontrado el problema en las propias tecnologías y no en las personas, por ejemplo, declarando que "los móviles producen adicción". Creo que las personas no son culpables de la adicción, sino que no saben utilizar adecuadamente estas tecnologías básicamente porque no se les ha enseñado, teniendo como consecuencia su utilización sin control alguno. Por otra parte, se hace demasiado hicapié en las horas que pasamos con el móvil y no tanto en para qué lo utilizamos. Si le damos un correcto uso, sobre todo en el caso de las personas más vulnerables (niños y niñas), no debería haber tanto problema con el tiempo. Opino que es más relevante para qué utilizan las tecnologías y si realmente suponen un aprendizaje o un mero entretenimiento. Asimismo, el pasar muchas horas trabajando, chateando o navegando con el móvil no significa necesariamente que haya adicción, sino que esta comienza cuando pasamos demasiado tiempo con él dejando de ser conscientes de la realidad que nos rodea.

viernes, 27 de abril de 2018

Ciudadanía digital: ¿on-line u off-line?

Para continuar con el taller de ciudadanía digital, se nos ha propuesto pensar en 3 situaciones en las que nos encontramos "on-line", esto es, cuando hacemos uso de las nuevas tecnologías, y tres en las que estamos "off-line", que componen los momentos en que hay ausencia de dichas tecnologías.

Muchas veces no nos paramos a pensar en lo dominados que nos encontramos por las nuevas tecnologías, muchas veces parece que el desprenderse de ellas cuesta un mundo y, sin embargo, realmente no llevan tanto tiempo entre nosotros/as. En mi caso, creo que paso muchas horas frente a una pantalla y gran parte del tiempo lo paso sin ser consciente de lo que hago. De hecho, me distraigo a menudo y, cuando estoy con el móvil, por ejemplo, enseguida me meto a aplicaciones de redes sociales y al cabo de un rato me doy cuenta del tiempo que pierdo. En el ordenador me ocurre que muchas veces tengo que ponerme a trabajar y, para ello, suelo poner música en la plataforma de Youtube, pero acabo siempre viendo vídeos recomendados y uno lleva al otro, y el otro a otro y, así, sucesivamente. 

Como experiencia, debo decir que hace dos años se me estropeó el móvil en verano, pero, aprovechando la situación, me propuse no comprarme ninguno durante dos semanas para ver qué suponía eso para mí. Al principio me costó bastante y cuando me despertaba por las mañanas siempre lo buscaba y estuve utilizando un reloj despertador, que estoy acostumbrada a tener en el propio móvil. Asimismo, para quedar con amigas tenía que recurrir al teléfono fijo, tal y como se hacía hace unos años. También me comunicaba a través de redes sociales que utilizaba desde el ordenador, pero cuando quedaba en sitios les hacía prometer que llegarían pronto porque si no me encontraba insegura esperando, puesto que la incomunicación me hacía sentir desprotegida. Al cabo de una semana ya me acostumbré y me sentía por una parte libre porque no tenía que estar pendiente de nada ni de nadie, sólo me preocupaba por la realidad inmediata que yo vivía y fue una experiencia muy satisfactoria. El hecho de que podríamos vivir así como se hacía hasta hace unos años sería hoy impensable para muchas personas. La sociedad ha cambiado muy rápidamente y casi se nos exige que estemos conectados a la red permanentemente, que siempre seamos accesibles y el móvil no se despegue de nosotros/as. Por ello, podría ser muy complicado ahora plantearse volver a vivir como antes. Obviamente las nuevas tecnologías nos han facilitado la vida en muchos aspectos, pero también creo que nos ha condenado a la esclavitud. Me acuerdo que una vez en clase, nuestra compañera Nekane nos contó que en unas prácticas que hizo, los niños y niñas de dos años estaban tan acostumbrados/as a las pantallas táctiles que, en cuanto les daban un juguete tradicional, el primer gesto que hacían para explorarlo era el movimiento de dedo para deslizar la pantalla en el juguete y comprobar si es "táctil" en ese sentido. Me parece una situación muy preocupante y deberíamos estar alerta porque no son sólo beneficios lo que traen las nuevas tecnologías a pesar de su atractivo, sino también grandes dependencias, olvidándonos del resto del mundo.



En cuanto a mi día a día, estas son 3 de las situaciones en las que me encuentro on-line:
  1. Cuando utilizo el teléfono móvil, que viene a ser una gran parte del día. Siempre lo tengo a mano y, en cuanto tengo un rato libre, lo primero que hago es comprobar los mensajes o meterme en redes sociales. Incluso lo he llegado a utilizar en clase varias veces, pero es algo que estoy tratando de evitar últimamente, dejándolo siempre en la mochila. El móvil es casi como un compañero de vida más, lo utilizo para todo. Ya por la mañana funciona como ordenador, pongo vídeos para desayunar, en el coche voy con música, hablo con mi entorno a través del móvil, etc. En muchas ocasiones, aunque no debería ser así, se utiliza el móvil para evitar situaciones incómodas con otras personas, siendo un recurso que siempre se utiliza como excusa para no establecer una conversación o para hacer ver que estás ocupado y hacer que otras personas no piensen que vives en soledad, cuando te encuentras solo en una cafetería por ejemplo.
  2. La siguiente situación se da cuando estoy estudiando en casa, que utilizo el ordenador para hacer resúmenes, trabajos, meterme en e-gela y otras plataformas universitarias, etc. También acostumbro a llevar también a clase. Siempre que estoy con el ordenador, es inevitable que ponga música también.
  3. Cuando me voy a dormir, siempre tengo que ver primero un capítulo de la serie que estoy viendo, porque es el mejor momento para disfrutarlas en mi opinión.
Por otro lado, opino que es muy necesario tener un rato al día para dedicartelo exclusivamente a ti mismo y a las personas cercanas, lejos de las tecnologías, como en las siguientes situaciones en las que me encuentro off-line:

  1. Cuando dibujo. Para desestresarme y encontrar "paz interior", me gusta sentarme y dibujar. Es una actividad que encuentro muy placentera y me relaja. En todo ese tiempo, en el cual me puedo pasar horas, suelo apagar el móvil y busco algún CD (que no sé si se considera como estar on-line) y, con la música y el dibujo me evado y paso el rato conmigo misma.  
  2. Cuando me echo la siesta o definitivamente me voy a dormir. Soy una persona a la que le gusta mucho dormir y holgazanear, por lo que también paso mucho tiempo off-line.
  3. Cuando estoy con la familia, pareja o amigas. Aunque todos y todas utilicemos el móvil es muchas ocasiones, hay situaciones clave en el que nos olvidamos de él y otras nuevas tecnologías como a la hora de las comidas o cenas, o cuando nos encontramos en un viaje. En ese momento nunca utilizamos el móvil y siempre aprovechamos para conversar, interesarse por las otras personas, pasarlo bien y reforzar vínculos.

Como he dicho antes, a veces estamos demasiado enganchados de la tecnología y se nos olvida disfrutar de verdaderos momentos importantes. Nuestra compañera Saioa compartió un artículo que declara que hay una nueva moda que consiste en desconectarse totalmente de internet. Esta práctica la llevan a cabo personas cansadas de la vida virtual y lo que trae consigo como por ejemplo la adicción. Creo que es una decisión muy legítima y una forma de disidencia a las tecnologías que tratan de dominarnos. Sin embargo, para mí personalmente creo que sería muy extremo porque dependo mucho de las nuevas tecnologías, especalmente para mis estudios, por lo que hoy por hoy lo veo inconcebible, pero no lo descarto totalmente en un futuro. 

Finalmente, me gustaría compartir un vídeo musical de Moby & The Void Pacific Choir, titulado Are you Lost in the World like Me?, que muestra lo dependientes que somos de las tecnologías y de la opinión pública:

sábado, 17 de marzo de 2018

"Pienso, luego existo"

Hoy, en clase hemos visto un documental titulado "Pienso, luego existo...", en el cual el filósofo Paul B. Preciado, nacido como Beatriz Preciado, compartía sus reflexiones sobre el género.



En primer lugar, según él, tanto el colegio como la televisión son máquinas de producción de verdad a las que "les interesa inventarla". Sin embargo, defiende que hay que hacer que las máquinas estén abiertas y no dominadas por la élite, que transmiten aquello que les interesa. En consecuencia, opina que la libertad está por inventarse.
Preciado cree que el colegio es una gran máquina de normalización y que en él  se aprende la discriminación (racial, económica, sexual, etc. Por ello, resulta vital reescribir la filosofía como resistencia a la normalización, la cual se denomina filosofía de prácticas sociales. La filosofía ha pasado por diferentes momentos como la antigua con los pensadores clásicos, así como por etapas revolucionarias como en la Revolución Francesa, pasando a repensar el ámbito democrático a través de la inmovilización. En su opinión, hay que ser personas revolucionarias totales, no únicamente de algo concreto y defender, por ejemplo, únicamente la homosexualidad. 

De esta manera, habla de que el sujeto que piensa va conformando su visión de mundo a la vez que el propio mundo intenta hacer que piense de determinada forma. Es necesario, por tanto, escapar constantemente, pero sin huir, sino buscando algo diferente o creándolo. Por ello, también explica que ningún texto es sagrado, y que todos están ahí para ser abiertos, debatidos y reescritos. Los textos contituyen una tecnología, y la escritura es una tecnología básica. No obstante, existen muchas otras como el cuerpo o la propia sexualidad, que también son textos, en ocasiones más actualizados que otros tales como la Biblia. El filósofo contemporáneo reinventa otras formas de pensamiento, sexualidad y aprendizaje.

En siguiente lugar, hace referencia a la identidad, que a su juicio nos dicta qué es ser un hombre o una mujer. La subjetividad es lo que hacemos con aquello que la sociedad nos dice que somos. En su opinión, no hay nadie homosexual o heterosexual, sino que se trata de una medición médico-jurídica, que ha estado presente durante la historia y ahora se está dando una transformación. Cualquier práctica sexual con fines no reproductivos, de esta forma, ha estado condenada históricamente. Paul Preciado declara que la identidad sexual como verdad anatómica no existe; por el contrario, suponen constructos sociales. El machismo y el liberalismo, entre otros, constituyen, además, formas de controlar el cuerpo, que no deberíamos aceptar, adoptando actitudes de incnformismo y disidencia para progresar.

La exclusión, por otro lado, significa sacar a un sujeto diferente del ámbito socio-político y etiquetarlo, impidiendo que tenga voz. Para evitar esta situación, es preciso abogar por una sexualidad que descodifique todo lo que define su construcción. Según Preciado, solo los genitales están sexualizados, el reto del cuerpo está desexualizado y hay que deserotizarlo. Habla, por tanto, de la desnaturalización del cuerpo.

Finalmente, menciona que estamos demasiado acostumbrados/as a ver el género y el sexo de unas determinadas formas y con unos determinados valores impuestos. Es por esa razón que considero que me cuesta entender algunas de sus reivindicaciones, aunque no estoy en contra. Por supuesto, siempre he tenido una mentalidad abierta hacia las diferentes identidades de género y orientaciones. Por ello, también, me resultan controvertidas sus ideas de que incluso eso tal vez no exista como tal. Sinceramente, me parece realmente interesante todo lo que opina puesto que nunca lo había oído y hace que me replantee muchas de mis ideas. Sin embargo, no me siento capacitada para debatir los diferentes argumentos porque no considero que tenga información suficiente, pero realmente me invita a la reflexión y profundizaré acerca del tema. 
Pese a todo, su lectura sobre las actitudes revolucionarias es muy acertada. Creo que es importante no aceptar todo lo que se nos impone porque la mayoría de veces proviene de los intereses de los/as que tienen el poder, y no responden a nuestras necesidades como miembros de la sociedad. Para avanzar hacia una más justa, siempre ha sido necesario adoptar actitudes inconformistas y en cuanto a la cuestión de género, se están realizando grandes avances pero aún queda bastante por luchar.