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sábado, 17 de marzo de 2018

"La feminización de la profesión docente o el letal efecto del patriarcado"

En esta ocasión, quiero hablar de un artículo que he leído titulado "La feminización de la profesión docente o el letal efecto del patriarcado" de Jose Luis Medina (2003). 

En él se habla de que la presencia de mujeres docentes es mayoritaria en las escuelas, en especial en los primeros niveles educativos. La cifra va descendiendo a medida que se asciende por los distintos niveles educativos. Medina explica que  el sexismo de la sociedad se transfiere al sistema educativo y las llamadas “virtudes femeninas” como la pureza, la entrega, el servicio, la abnegación, entre otros, son valores de cuidado y de crianza a los que se prioriza sobre la actividad educativa.


La estructura y las relaciones de las familias se reflejan en las escuelas escuelas y la maestra ejerce el papel tradicional de la mujer en la familia, es decir, el de cuidado.
De hecho, hace poco leí una noticia acerca de que cada vez hay menos maestros en las escuelas de Silió (2017), en la que una socióloga explica que “la enseñanza temprana se ve como una prolongación de la maternidad, se les pide que en clase sean más maternales que profesionales". Asimismo, este artículo corrobora el hecho de que el número de docentes hombres aumenta con más edad del alumno, lo cual se traduce en que hay más varones enseñando cuando se exige una licenciatura y no estudios medios. Este hecho también fue recogido en una entrada anterior titulada micro-narrativa acerca del género.

Respecto a la identidad, se trata de una cuestión cultural, en la que se identifica “lo masculino” y “lo femenino” que, según Medina, constituyen subjetividades independientes de la biología.
De esta manera, un hombre socialmente puede expresar su subjetividad masculina, pero no le está permitido expresar la femenina y se ve obligado a ocultarla.
Socialmente se cree que características masculinas son activas y, por tanto, están mejor valoradas; las femeninas, en cambio, son pasivas. No obstante, el autor defiende que ambas acciones son fundamentales en el desarrollo de nuestra sociedad.

La enseñanza en Educación Infantil, entonces, se trata de una ocupación socialmente organizada y percibida como una actividad femenina y práctica. Se mantiene invisible e incluso marginal en la jerarquía ocupacional del sistema educativo.
Por otro lado, se  asocia la etapa de educación infantil con las virtudes femeninas para justificar su bajo estatus en el sistema educativo, lo cual es consecuencia del sistema patriarcal.


En mi opinión, a pesar de que el Ministerio de Educación declare que "El género del profesor es irrelevante a la hora de transmitir a los alumnos los conocimientos y valores”, pienso que es importante que en las aulas los niños y las niñas tengan diferentes figuras de referencia pertenecientes a géneros distintos. De esta forma, se evitará que interioricen jerarquías cuanto al género al descubrir que ambos cumplen con las mismas funciones y roles, sin dominancia de uno sobre otro.


Como consecuencia de la poca presencia de profesores varones en las aulas, las familias desarrollan prejuicios hacia los pocos que hay, teniendo como resultado que se dé una situación incómoda tanto para ellas como para el propio profesor, que pierde motivación al no estar bien valorado. Todo ello tiene influencia en el hecho de que futuros chicos que deseen acceder a la profesión no lo hagan por el miedo de la reacción social y sus prejuicios. Como en el caso de la película "La Caza", pudimos ver que las personas enseguida lanzaron los prejuicios interiorizados hacia el profesor ante la mínima sospecha y sin conocer la verdad, dejando entrever que, en caso de haber sido éste una mujer, esa situación desagradable no hubiera ocurrido seguramente. 

En conclusión, tanto un hombre como una mujer pueden llegar a ser buenos/as docentes y en nada influye el género, sino las propias capacidades de la persona, su implicación, su vocación y su motivación.




Referencias:

Medina, J.L. (2003). La feminización de la profesión docente o el letal efecto del patriarcado. Aula de Innovación Educativa, 127.

Silió, E. (2017). Día del maestro: cada vez hay menos profesores varones.  El País. Recuperado de https://politica.elpais.com/politica/2017/11/27/actualidad/1511763591_005291.html 


sábado, 10 de febrero de 2018

Micro-narrativa acerca del género

¿Qué significa ser docente y mujer? y ¿qué significa ser docente y hombre? Estas son las dos de las preguntas que trataré de responder a lo largo de esta entrada para dar comienzo al taller de género.

En educación infantil, es mucho más probable ver a una docente mujer que a un hombre, pero ¿por qué esto es así? Muy simple. Las desigualdades sociales por razón de género se reflejan en todos los ámbitos que forman parte del sistema heteropatriarcal en el que vivimos, y el de la educación no es ninguna excepción. Este sistema, del que poco a poco estamos intentando alejarnos para lograr un modelo social más justo, trae consecuencias negativas para toda la sociedad, aunque la mayoría de ellas las cargan las mujeres. Por eso, es preciso, antes de nada, hacer una clara distinción entre sexo y género. 

Según el DRAE, el concepto sexo se refiere a la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas y, además, al conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Por otra parte, género se relaciona con el grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico.
Simone de Beauvoir (1981: 124), sostenía que “no se nace mujer, sino que se llega a ser mujer”. De esta misma forma Joan Scott (2010: 79), define género como una categoría analítica, una herramienta crítica y política, un instrumento que muestra el carácter socialmente construido de ideas, las creencias y representaciones acerca de los roles de hombre y mujer, en diferentes culturas y, a su juicio, “no hay mujeres diversas, sino que el significado cultural de ser mujer va más allá, en los contextos y en la historia”. El cuerpo biológico no es la base sobre la que se construye la cultura, sino el punto de llegada.

Por otro lado, se encuentra la cuestión de la identidad sexual, que de acuerdo con Rodrigo Guerra (2015: 166), “se encuentra «participada» en la identidad de género y la identidad de género incide de modo real en la identidad narrativa del yo”. En consecuencia, la identidad sexual es consecuencia de la identidad de género y el género, a su vez, un efecto de la identidad sexual, más todos elementos que median entre la persona la construcción socio-cultural e histórica.


En este caso, se ve afectada la profesión de maestro/a. Esta profesión está ligada culturalmente a la maternidad y a la crianza, que tradicionalmente se han llevado a cabo por las mujeres y, por tanto, la sociedad cree que son necesarios valores femeninos como la dulzura, la paciencia o la ternura. Estos son estereotipos de género que no sólo afectan a las mujeres, quienes se ven presionadas por ser "delicadas y femeninas", sino también a los hombres, que se ven obligados a mostrar su lado "fuerte y varonil" en público, ocultando su lado "femenino y tierno" y sus emociones, pues se verían vulnerables y eso no es socialmente aceptable. Por ello, muchos hombres rechazan convertirse en educador porque temen los prejuicios al tratarse de una profesión feminizada. 
Por otra parte, también se podría hablar de una cuestión de prestigio. A pesar de que afortunadamente la sociedad esté cambiando, a través de los mencionados valores, siempre se impulsa más a que las niñas se interesen por el campo de las humanidades y de los cuidados, que generalmente han estado dotados de menos prestigio en comparación con las ciencias, a quienes acceden más chicos que chicas. Como resultado, son también más mujeres que hombres los que se decantan por Magisterio, ya que a menudo (aunque todos y todas recibamos críticas por estudiar un grado socialmente considerado "fácil") los chicos sienten presión por parte de su entorno, aunque tengan vocación.

Respondiendo a las preguntas iniciales, opino que ser docente y mujer es mucho más fácil que ser hombre y docente porque está mejor aceptado por la comunidad. La mujer puede llegar a sentirse mucho más comoda en su papel porque no es tan juzgada. Ser hombre y docente, especialmente en educación infantil, donde se requiere a las docentes que tengan un papel más maternal que profesional, es todo un reto. En primer lugar, tiene que aprender a adoptar nuevos valores, tradicionalmente femeninos, que nunca ha interiorizado y, por lo tanto, ello supondrá una lucha inicial contra sus prejuicios personales. En segundo lugar, debera lidiar con los prejuicios de su entrono próximo y profesional, así como con las familias de los niños y niñas, demostrando constantemente que es capaz y justificándolo cuando se lo exigen o es criticado. Es justo la misma discriminación que sufren las mujeres en profesiones "masculinas", y es algo que, en mi opinión, ni hombres ni mujeres deberían tolerar y es preciso que se dé una unión, empatizando por ambas partes, para poner fin a estas situaciones de injusticia.

Pienso que ni el sexo, ni el género, ni la orientación sexual ni ningún factor parecido definen a un/a buen/a docente, sino que la persona con su vocación por la educación y por los/as niños/as, sus ganas por cambiar el mundo, su forma de trabajar y su actitud muestra por sí sola sus grandes capacidades para ser un/a excelente maestro/a.





Referencias:

Beauvoir, S. (1981). El segundo sexo. Buenos Aires: Siglo XXI.

Guerra López, R. (2016). Persona, sexo y género. Open Insight, 7(12), pp. 146-148.

Scott, J. (2011). Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis? Revista La Manzana de la Discordia, 6(1), pp. 95-101.