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sábado, 17 de marzo de 2018

"Pienso, luego existo"

Hoy, en clase hemos visto un documental titulado "Pienso, luego existo...", en el cual el filósofo Paul B. Preciado, nacido como Beatriz Preciado, compartía sus reflexiones sobre el género.



En primer lugar, según él, tanto el colegio como la televisión son máquinas de producción de verdad a las que "les interesa inventarla". Sin embargo, defiende que hay que hacer que las máquinas estén abiertas y no dominadas por la élite, que transmiten aquello que les interesa. En consecuencia, opina que la libertad está por inventarse.
Preciado cree que el colegio es una gran máquina de normalización y que en él  se aprende la discriminación (racial, económica, sexual, etc. Por ello, resulta vital reescribir la filosofía como resistencia a la normalización, la cual se denomina filosofía de prácticas sociales. La filosofía ha pasado por diferentes momentos como la antigua con los pensadores clásicos, así como por etapas revolucionarias como en la Revolución Francesa, pasando a repensar el ámbito democrático a través de la inmovilización. En su opinión, hay que ser personas revolucionarias totales, no únicamente de algo concreto y defender, por ejemplo, únicamente la homosexualidad. 

De esta manera, habla de que el sujeto que piensa va conformando su visión de mundo a la vez que el propio mundo intenta hacer que piense de determinada forma. Es necesario, por tanto, escapar constantemente, pero sin huir, sino buscando algo diferente o creándolo. Por ello, también explica que ningún texto es sagrado, y que todos están ahí para ser abiertos, debatidos y reescritos. Los textos contituyen una tecnología, y la escritura es una tecnología básica. No obstante, existen muchas otras como el cuerpo o la propia sexualidad, que también son textos, en ocasiones más actualizados que otros tales como la Biblia. El filósofo contemporáneo reinventa otras formas de pensamiento, sexualidad y aprendizaje.

En siguiente lugar, hace referencia a la identidad, que a su juicio nos dicta qué es ser un hombre o una mujer. La subjetividad es lo que hacemos con aquello que la sociedad nos dice que somos. En su opinión, no hay nadie homosexual o heterosexual, sino que se trata de una medición médico-jurídica, que ha estado presente durante la historia y ahora se está dando una transformación. Cualquier práctica sexual con fines no reproductivos, de esta forma, ha estado condenada históricamente. Paul Preciado declara que la identidad sexual como verdad anatómica no existe; por el contrario, suponen constructos sociales. El machismo y el liberalismo, entre otros, constituyen, además, formas de controlar el cuerpo, que no deberíamos aceptar, adoptando actitudes de incnformismo y disidencia para progresar.

La exclusión, por otro lado, significa sacar a un sujeto diferente del ámbito socio-político y etiquetarlo, impidiendo que tenga voz. Para evitar esta situación, es preciso abogar por una sexualidad que descodifique todo lo que define su construcción. Según Preciado, solo los genitales están sexualizados, el reto del cuerpo está desexualizado y hay que deserotizarlo. Habla, por tanto, de la desnaturalización del cuerpo.

Finalmente, menciona que estamos demasiado acostumbrados/as a ver el género y el sexo de unas determinadas formas y con unos determinados valores impuestos. Es por esa razón que considero que me cuesta entender algunas de sus reivindicaciones, aunque no estoy en contra. Por supuesto, siempre he tenido una mentalidad abierta hacia las diferentes identidades de género y orientaciones. Por ello, también, me resultan controvertidas sus ideas de que incluso eso tal vez no exista como tal. Sinceramente, me parece realmente interesante todo lo que opina puesto que nunca lo había oído y hace que me replantee muchas de mis ideas. Sin embargo, no me siento capacitada para debatir los diferentes argumentos porque no considero que tenga información suficiente, pero realmente me invita a la reflexión y profundizaré acerca del tema. 
Pese a todo, su lectura sobre las actitudes revolucionarias es muy acertada. Creo que es importante no aceptar todo lo que se nos impone porque la mayoría de veces proviene de los intereses de los/as que tienen el poder, y no responden a nuestras necesidades como miembros de la sociedad. Para avanzar hacia una más justa, siempre ha sido necesario adoptar actitudes inconformistas y en cuanto a la cuestión de género, se están realizando grandes avances pero aún queda bastante por luchar.

sábado, 10 de febrero de 2018

Micro-narrativa acerca del género

¿Qué significa ser docente y mujer? y ¿qué significa ser docente y hombre? Estas son las dos de las preguntas que trataré de responder a lo largo de esta entrada para dar comienzo al taller de género.

En educación infantil, es mucho más probable ver a una docente mujer que a un hombre, pero ¿por qué esto es así? Muy simple. Las desigualdades sociales por razón de género se reflejan en todos los ámbitos que forman parte del sistema heteropatriarcal en el que vivimos, y el de la educación no es ninguna excepción. Este sistema, del que poco a poco estamos intentando alejarnos para lograr un modelo social más justo, trae consecuencias negativas para toda la sociedad, aunque la mayoría de ellas las cargan las mujeres. Por eso, es preciso, antes de nada, hacer una clara distinción entre sexo y género. 

Según el DRAE, el concepto sexo se refiere a la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas y, además, al conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Por otra parte, género se relaciona con el grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico.
Simone de Beauvoir (1981: 124), sostenía que “no se nace mujer, sino que se llega a ser mujer”. De esta misma forma Joan Scott (2010: 79), define género como una categoría analítica, una herramienta crítica y política, un instrumento que muestra el carácter socialmente construido de ideas, las creencias y representaciones acerca de los roles de hombre y mujer, en diferentes culturas y, a su juicio, “no hay mujeres diversas, sino que el significado cultural de ser mujer va más allá, en los contextos y en la historia”. El cuerpo biológico no es la base sobre la que se construye la cultura, sino el punto de llegada.

Por otro lado, se encuentra la cuestión de la identidad sexual, que de acuerdo con Rodrigo Guerra (2015: 166), “se encuentra «participada» en la identidad de género y la identidad de género incide de modo real en la identidad narrativa del yo”. En consecuencia, la identidad sexual es consecuencia de la identidad de género y el género, a su vez, un efecto de la identidad sexual, más todos elementos que median entre la persona la construcción socio-cultural e histórica.


En este caso, se ve afectada la profesión de maestro/a. Esta profesión está ligada culturalmente a la maternidad y a la crianza, que tradicionalmente se han llevado a cabo por las mujeres y, por tanto, la sociedad cree que son necesarios valores femeninos como la dulzura, la paciencia o la ternura. Estos son estereotipos de género que no sólo afectan a las mujeres, quienes se ven presionadas por ser "delicadas y femeninas", sino también a los hombres, que se ven obligados a mostrar su lado "fuerte y varonil" en público, ocultando su lado "femenino y tierno" y sus emociones, pues se verían vulnerables y eso no es socialmente aceptable. Por ello, muchos hombres rechazan convertirse en educador porque temen los prejuicios al tratarse de una profesión feminizada. 
Por otra parte, también se podría hablar de una cuestión de prestigio. A pesar de que afortunadamente la sociedad esté cambiando, a través de los mencionados valores, siempre se impulsa más a que las niñas se interesen por el campo de las humanidades y de los cuidados, que generalmente han estado dotados de menos prestigio en comparación con las ciencias, a quienes acceden más chicos que chicas. Como resultado, son también más mujeres que hombres los que se decantan por Magisterio, ya que a menudo (aunque todos y todas recibamos críticas por estudiar un grado socialmente considerado "fácil") los chicos sienten presión por parte de su entorno, aunque tengan vocación.

Respondiendo a las preguntas iniciales, opino que ser docente y mujer es mucho más fácil que ser hombre y docente porque está mejor aceptado por la comunidad. La mujer puede llegar a sentirse mucho más comoda en su papel porque no es tan juzgada. Ser hombre y docente, especialmente en educación infantil, donde se requiere a las docentes que tengan un papel más maternal que profesional, es todo un reto. En primer lugar, tiene que aprender a adoptar nuevos valores, tradicionalmente femeninos, que nunca ha interiorizado y, por lo tanto, ello supondrá una lucha inicial contra sus prejuicios personales. En segundo lugar, debera lidiar con los prejuicios de su entrono próximo y profesional, así como con las familias de los niños y niñas, demostrando constantemente que es capaz y justificándolo cuando se lo exigen o es criticado. Es justo la misma discriminación que sufren las mujeres en profesiones "masculinas", y es algo que, en mi opinión, ni hombres ni mujeres deberían tolerar y es preciso que se dé una unión, empatizando por ambas partes, para poner fin a estas situaciones de injusticia.

Pienso que ni el sexo, ni el género, ni la orientación sexual ni ningún factor parecido definen a un/a buen/a docente, sino que la persona con su vocación por la educación y por los/as niños/as, sus ganas por cambiar el mundo, su forma de trabajar y su actitud muestra por sí sola sus grandes capacidades para ser un/a excelente maestro/a.





Referencias:

Beauvoir, S. (1981). El segundo sexo. Buenos Aires: Siglo XXI.

Guerra López, R. (2016). Persona, sexo y género. Open Insight, 7(12), pp. 146-148.

Scott, J. (2011). Género: ¿Todavía una categoría útil para el análisis? Revista La Manzana de la Discordia, 6(1), pp. 95-101.